Límites En La Relación

Si te identificas con algunas de estas situaciones este artículo va a serte de suma ayuda: quieres cortar con tu pareja pero sin saber cómo siempre terminas volviendo a él, sientes que lo que dices tu pareja no lo escucha o no le importa y sigue haciendo la suya, te ves repitiendo situaciones que tu misma te repites que no deseas, piensas claramente sobre tu futuro pero repites una y otra vez círculos de los cuáles te cuesta mucho salir, sientes que si hablas o dices lo que quieres podrás estar lastimando al otro, actúas con culpa no segura de lo que estás por hacer.

Estas son sólo algunas de las situaciones que se viven cuando no sabemos poner límites en nuestras relaciones.

Cuando hablamos de límites estamos haciendo alusión a ciertas barreras internas que nos trazamos como guía y parámetro de lo que estamos dispuestos a permitir y no dentro de una relación y como seres individuales que somos. Aprender a conocernos y saber hasta dónde toleramos, que nos parece correcto y que no, hasta dónde podríamos negociar y que puntos ya no serían parte de nuestro ceder; cuando entendemos que ciertas conductas son nocivas tanto para nosotros como para la pareja y podemos decir “esto no lo voy a permitir”, entonces estamos hablando de límites establecidos, de reglas internas que a veces son tácitas y otras las comunicamos.

Pero cuando estos límites se hacen difusos y no sabemos que permitir y que no, o lo sabemos pero nos cuesta velar para que ello se cumpla, para que se nos respete, se nos escuche y entienda en la relación; hablamos entones de una falta de límites. Esto conduce a la pareja a múltiples problemas dentro de la relación: irrespeto, violencia, intolerancia, egoísmo, frustración, sensación de no sentirnos valorados, escuchados, atendidos como corresponde.

Poner límites en la relación ayuda a que la pareja tenga un marco de referencia, se ordene con respecto a cómo puede accionar, tenga un margen de movilidad y conozca hasta dónde puede negociar. Permite que se pueda construir con bases comunes, conocimientos fuertes y bajo patrones compartidos.

La dificultad para poner estos límites muchas veces radica en medios de quedar como “hincha”, “exigente”, “que el otro se aburra de mí y me abandone”, “de ser vista como sargenta y no como relajada “, de “espantar al otro con mis pedidos”, “volver a quedarme sola”. Entonces prefieren callar, aguantar, tolerar, dejar pasar hasta que un día ya no pueden más; quieren que mágicamente todo esto cambie y se ordene, sea diferente, las tengan en cuenta, las escuchen; pero con el pasar del tiempo y con la relación establecida bajo ciertos parámetros se hace más difícil. No es lo mismo pedirle a alguien que recién conocemos que por ejemplo te gusta la puntualidad, que intentar que tu novio de ciertos meses o años quien lleva legando a la hora que se le canta, de pronto escuche tu pedido de puntualidad y lo interprete correctamente; que lo asuma como una necesidad tuya y no como la excusa de enojo porque por ejemplo ayer salió con amigos, o que te tome en serio esto cuándo lleva años o meses llegando a cualquier horario sin que se le dijeses algo.

Por eso es importante que los límites se establezcan cuanto antes en las relaciones, que no tengamos miedo de decir lo que pensamos, de pedir lo que necesitamos, de establecer ciertos parámetros para nuestra relación; siempre escuchando al otro y negociando junto a éste las decisiones que se lleven adelante. No se trata de imponer mi visión y  mis intereses  y que el otro actúe como yo quiero; se trata de encontrar un punto en común en el que ambos sientan que pueden ser ustedes mismos mientras la relación fluye.

Licenciada Orit Vaisman Bacall
Matrícula Nro. 64563
psicologiaytratamientointegral@gmail.com

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