Cuando El Amor Llama a Nuestra Puerta: ¿Por qué no Siempre Lo Escuchamos?

Cuando el amor llama a nuestra puerta, porque no siempre lo escuchamosEncontrar el amor de pareja como lo hemos venido ya hablando es algo que no pasa con todas las personas que conocemos, ni cuando queremos que ello ocurra e incluso tampoco con la persona que a veces soñamos que suceda. Todo lo que acontece en la búsqueda y encuentro del amor es mágico: desde la forma en la que ambos se conocieron, las razones que los llevaron a estar en ese preciso lugar y momento, los acontecimientos que tuvieron que sucederse para que finalmente las cosas entre los dos se dieran. Cada historia parece ser sacada de una película romántica; pero la vida es así; nos sorprende a cada instante, pero para ello también debemos estar atentos a leer las señales que nuestro entorno nos envía, tener la mente abierta, saber escuchar más allá de las palabras; aprender a entablar empatía con las emociones de quienes nos rodean.

Nos preguntamos entonces: Cuando El Amor Llama a Nuestra Puerta: ¿Por qué no Siempre Lo Escuchamos? Pues bien, la respuesta se relaciona en gran medida con lo último que mencioné; es decir, con el hecho de no estar atentos al entorno, perdernos las señales, carecer de empatía, estar más enfocados en otros temas o lamentándonos por sucesos que no acontecieron. La frase “el amor de tu vida puede estar en frente de tus narices y no verlo” se aplica al 100% en estos casos.

A veces asumimos los comportamientos del otro como “amabilidad”, “lástima para con nosotros”, “amistad”, y nos quedamos pegados a la ida de que la persona que tenemos en frente está a nuestro lado únicamente por alguno de estos motivos; que no existe otra opción por la que se comporten como lo hacen con nosotros; de hecho nos enojamos cuando alguien siquiera plantea esta posibilidad y el damos inmediatamente un cierre a esta insinuación. Lo que hacemos con esta actitud es precisamente no mantener nuestra mente abierta a las posibilidades, sino todo lo contrario asumirlas desde un lugar cerrado y esquemático, sin posibilidad de movimiento; esto solo genera que del otro lado se perciba una barrera, un bloqueo y la falta de interés de tu parte para que ellos puedan avanzar e intentar algo más.

Las películas nos muestran muchas formas en las que una pareja encuentra el amor, pero la gran mayoría de ellas suelen enseñarnos a personas que dejan el avión a última hora para decirle a quién aman que no pueden vivir sin él/ella; o mujeres y hombres que rompen sus compromisos laborales, matrimoniales, personales, etc a último minuto entendiendo que van a perder al amor de su vida y corren rumbo a su casa a tocar el timbre, abrazarlas y decirles “Te Amo, no puedo vivir sin ti”. Pero estas muestras son sólo ficción: esperar hasta último minuto para manifestar nuestros sentimientos no parece muy romántico ni lógico; tampoco regresar a interrumpir una boda en la que está a punto de decir el SI la persona que amamos, ni tomar un vuelo a cualquier costo a última hora para ir a tocarle el timbre al amor de nuestra vida y confesarle lo que verdaderamente sentimos.

Pensar de este modo, es creer que debe existir el drama para que llegue el amor, es pensar que amar es llevar las cosas a un límite, es actuar alocadamente y desesperadamente y si bien ello puede ser una de las raíces de ciertos tipos de amor, también existe el amor pausado, aquél que se construye con el tiempo, en el que todos los días se da y se  recibe, en el que las personas se demuestran con pequeños detalles que están ahí para el otro, en el que la compañía juega un rol importante, en el que no hacen falta grandes dramatismos ni comportamientos extravagantes para hacer sentir al otro que estamos ahí, que cuentan con nosotros, que los amamos. Si esperamos reconocer el amor desde lo que nos enseñan las películas estaremos desechando más de una oportunidad real que tengamos frente a nuestras narices; es importante que aprendamos a reconocer que existen demostraciones de amor como el último caso descrito; y no por ello son menos impactantes o emocionantes; y no por no recorrer el país en un día, o interrumpir una cena con nuestro ex, nos quieren menos, o no nos dejan en claro sus sentimientos.

Aprender a leer las señales de entrega, de compromiso, de lealtad, de cariño en el otro nos van a permitir poder escuchar cuando el amor golpee a nuestra puerta.

Licenciada Orit Vaisman Bacall
Matrícula Nro. 64563
psicologiaytratamientointegral@gmail.com

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