Amor vs. Mañas: ¿Cuál elegís para tu vida?

El prestigioso diario New York Times, publicó que en que los Estados Unidos, uno de cada 4 hogares, está ocupado por una persona que vive sola. Mientras que en Alemania, Francia, Japón y Gran Bretaña tienen un mayor porcentaje de viviendas unipersonales. El New York Times proseguía explicando que el vivir solos tiene sus ventajas tales como libertad para ir y venir como se quiera o espacio y soledad para hacer lo que se quiera. Sin embargo también comentaba que vivir solo puede terminar siendo un caldo de cultivo de excentricidades o “mañas” personales a las cuales podemos apegarnos tanto que luego se nos dificulta vivir con otra persona. ¿Por casualidad te sucede algo similar?

El apego a las mañas es un patrón de conducta que se caracteriza por llevar a cabo nuestras rutinas diarias y acostumbrarnos a ellas de manera tal, que nos genera miedo y pereza la idea de convivir con otra persona. Podría decirse que este apego a las mañas, puede generar problemas cuando hace que la persona se coloque en una postura rígida y egoísta, que la puede llevar a aislarse y no querer compartir con otros. Al respecto, la convivencia en pareja, es una forma muy potente de aflojar estas mañas y promover un compartir y apertura del corazón. Sin embargo miles de personas, sienten miedo ante la idea de abrirse íntimamente y compartir un espacio con otro. Este temor puede llevarlas a permanecer muchos años viviendo solas.

¿Cuáles son los motivos por los que preferimos apegarnos a las mañas en vez de abrirnos al amor?
Existen múltiples motivos que pueden llevarnos a aferrarnos a las mañas en vez de apostar al amor con otra persona. Estos motivos pueden actuar como “pseudo-beneficios”, haciéndonos creer que tenemos ventajas reales, cuando en el mediano y largo plazo es exactamente lo contrario. Algunos motivos para apegarnos a las mañas pueden ser:

Tenemos la ilusión de controlar nuestra vida mientras vivimos solos.

Al vivir solos, nadie nos desafía ni tenemos que esforzarnos en generar un espacio común con otro que pueda movilizarnos emocionalmente.

Continuamos encerrados en nuestra forma de percibir, creer y sentir la vida ya que la convivencia con otro podría sacudir esto y generarnos conflictos.

Podemos evitar los riesgos de abrirnos al amor, el sexo y el compartir con otro.

Las mañas no nos confrontan con lo que no nos gusta de nosotros, en cambio otra persona si. Y esto puede generar mucho temor y resistencia.

Quizás hemos sufrido viendo la incomunicación en el vínculo de nuestros padres y no queremos repetirlo en nuestra adultez, aún cuando esto nos lleve a la soledad.

Podemos continuar comiendo en la cama, hablando con el gato, y quejándonos que “nadie quiere una relación profunda”, ya que eso es más fácil que afrontar el reto de conocer y abrirnos a otro.
¿Te identificas con alguno de estos u otros motivos ocultos para no apostar al amor y convivencia con otro? ¿Cuáles son tus mañas que te impiden generar una relación íntima con otro? ¿Cómo afecta tu vida el guiarte por estos motivos o pseudo beneficios? Tener mañas no es malo. Todos las tenemos en mayor o menor medida. El problema es cuando te ocupan mayor espacio que las ganas de compartir, lo cual puede colocarte en una postura egocéntrica y solitaria.

Las personas que se apegan a sus mañas, suelen ser percibidas como “viejos prematuros”, aún cuando tengan tan solo 28 o 34 años. Por otra parte tampoco es una obligación vivir en pareja. De hecho hay personas separadas con hijos adolescentes que desean preservar su espacio familiar. Sin embargo el que continua viviendo solo y no ha tenido la experiencia de convivir en pareja, puede estar perdiéndose una oportunidad única de abrir su corazón y salir de su caparazón de mañas. Y eso puede generarle la ilusión de una vida tranquila y “controlable”, aunque mi experiencia clínica en el consultorio me ha demostrado que a mediano plazo, estas personas comienzan a manifestar angustia, dolor emocional y malestar debido a la necesidad intima de su alma en generar un contacto más profundo con otra persona, que no esta siendo satisfecho. Por eso es bueno preguntarse, ¿Qué sucede con mi vida amorosa? ¿Elijo apostar al amor o a las mañas que me mantienen en soledad? Si tus mañas te están incomodando, ¿Qué deseas hacer al respecto?

Pablo Nachtigall – Psicólogo clínico

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